Amanecer de la séptima nochenueva

Saludos, viajero nostálgico.

Esta vez, me temo, nuestra reunión será corta. Esta vez… no tengo ni tiempo, ni medios, ni ganas de compartir. Esta vez, la maleta pesaba un poco menos… pero al mismo tiempo, pesaba mucho más…

Estoy seguro, cansado caminante, de que tu año fue mejor que el mío. Yo, al amparo de la luna, no pude frenar las lágrimas; cayeron sin parar, hasta que se agotaron y ya no caían. Llegó un punto en que no pude sino reír, fueran los tiempos buenos o malos, y pensar que quizá las lágrimas pueden tener más de un color.

Y en momentos así, no pude sino desear a alguien que, al abrazarme bien fuerte sin quererme soltar, me dijera que todo iba a salir bien, que no estaba solo. Y quizá, entonces, podrían volver a caer.

Acepta mis disculpas, peregrino eterno, si en esta nochenueva parezco críptico, frío y distante, pero ni yo mismo soy capaz de ponerlo en palabras. Espero que puedas perdonarme y que, en la próxima, quieras volver a acompañarme. Y que, para entonces, yo pueda darte la compañía que te mereces.

 

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Viajero nostálgico
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