Amanecer de la cuarta nochenueva

Buenas noches, viajero nostálgico.

Hay tantas cosas que quiero decir hoy… no sé por dónde empezar, ni dónde deberían acabar, ni cuántas podré contarte, ni cuántas seré capaz de poner de viva voz. Porque hemos pasado dos nochenuevas hablando del pasado, y una nochenueva hablando del futuro, pero siempre se nos quedan cortas. Y hoy quisiera hablarte de los dos.

Porque esta nochenueva sí, marca el inicio de algo distinto. Para empezar, hago algo que no había hecho jamás, peregrino eterno. Escribo estas palabras en pasado, o quizá en futuro, pues no mandaré esta botella en cuanto acabe de escribirla, como llevo tantos años haciendo, sino que el mensaje que lees fue escrito días antes de nochenueva. Porque este año que hemos dejado (o que dejaremos) atrás ha sido malo, y si el que ha llegado será mejor, es simplemente porque sería muy difícil que fuera peor.

¿Qué ha sido de tu año, cansado caminante? ¿Pudiste realizar los propósitos de año nuevo que te habías marcado? ¿Conseguiste ser mejor de lo que eras? ¿Tocaste alguna vida? ¿Cambiaste alguna vida? ¿Dejaste pruebas de tu paso por este mundo sin estrellas?

Quizá recuerdes, errante vagabundo, que yo no me hice propósitos, como es costumbre en nuestro país, sino que pedí un deseo, como es costumbre en otros. Pensé que otros dioses serían más benevolentes que los nuestros. Pensé que otros dioses serían más justos que los nuestros. Puedes añadir eso a la lista de errores que he cometido en mi vida; si hay un dios justo, tengo todavía que conocerlo.

Porque si bien el mundo sobrevivió al 11/12/13, fecha que, por cierto, mucha gente temía la última nochenueva, pero que casi nadie recordaba cuando llegó diciembre, mi deseo no se cumplió. Y no pedía fortuna, riquezas o poder. No pedía la felicidad. No buscaba un año que fuera mejor que el que dejábamos; buscaba uno que no fuera peor. Me hubiera contentado con un año igual de malo. Pero el azar, o el destino, la balanza, el karma… o cualesquiera que sean los poderes gobernantes de nuestra vida decidieron que mi deseo no había de verse cumplido.

Tenía miedo, viajero nostálgico. Y mis temores sí se vieron cumplidos. Como el juego de palabras de un sádico cualquiera.

Y como he dicho, esta nochenueva sí implica un cambio. Para empezar, que te escriba estas palabras desde el pasado. O de que no pueda, esta vez, reunirme contigo antes de lanzar la botella; antes del cambio de año. ¿Qué cambios, dices? Ojalá lo supiera. La mayoría malos, sin duda. ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando muchas noches no son sólo las estrellas las que no brillan, sino que hasta la misma luna me ha abandonado? Aunque es posible que también haya alguno bueno, claro; a fin de cuentas, todo es posible. Al menos para otras personas… para mí, todavía está por ver.

Es posible que pueda volver a lanzar botellas como hacía antes; como hacía años que no hacía. Es posible que pueda volver a hablar contigo, y a dedicarte tiempo. Es posible que este mar se llene de mensajes. Es posible que la gente vuelva a buscarme. Es posible que este náufrago, que tan distinto es, vuelva a ser un poco como era antes.

O también es posible que no, claro. A fin de cuentas, que todo haya cambiado no significa que algo tenga que ser distinto.

Pero sí, hay cosas que serán distintas. Este año será mejor que el anterior. Por necesidad. Y es posible que me mude. En este pequeño islote soy un forastero. Es posible que me mude a una islita que pueda llamar mía. Casi idéntica a ésta, en realidad, pero mía. Y por supuesto me encantaría que me acompañaras, cansado caminante, aunque no te obligaré. Tu elección es tuya, y tomarás la correcta; como siempre has hecho.

Respecto a esta nochenueva… ¿qué harás tú, viajero nostálgico? ¿Tienes tus votos, tus propósitos, tus deseos? ¿Sabes qué harás con tu vida, con la de los que te rodean? ¿Sabes cuál será tu siguiente paso en el camino?

¿Yo? Yo, por una vez, tengo las cosas claras. Este año no hay propósitos; no porque quiera huir del escarnio público de no cumplirlos, hacs dos nochenuevas tenía solución para ello; tampoco porque me dé miedo no poderlos cumplir, por cobarde que pueda ser. No… Este año no hay propósitos porque no hay nada que quiera cumplir. Salvo quizá hacer lo que quiera… y eso no tengo que proponérmelo; no esta vez. Tampoco hay deseos; debí haber aprendido hace tiempo que no hay dios conocido que responda a mis plegarias; tardé demasiado en aprender la lección, pero ahora ya no la olvidaré. Mis esperanzas las plantearé sólo cuando puedan ser compartidas con un extremo grado de cinismo; y en cualquier caso puedo plantearlas en cualquier momento, no sólo en nochenueva.

Y mis sueños… bueno, peregrino eterno… La gente suele querer que sus sueños se hagan realidad, pero suele olvidar que las pesadillas también son sueños. Este año me contentaré con dormir; lo de soñar se lo dejaré a los soñadores. Los demás ya hemos aprendido.

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Viajero nostálgico
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