¿Otros mundos… y un final?

Evolution - 20-12-12

Buenas noches, peregrino eterno.

Quizá te parezca extraño verme aquí por estas fechas, antes del amanecer de nochenueva, pero es que creo que la ocasión lo merece. ¿Has oído los rumores, los murmullos, las habladurías? Dicen que el mundo se acaba. Dicen que lo dijeron los mayas. Al parecer se acaba el 21 de diciembre. Aquí, en el lugar desde el que yo te lanzo esta botella, todavía falta alrededor de una hora. En el lugar en el que la recibas tú, si es que la recibes, puede que haga cuatro horas o que falten tres, ¿quién sabe? El tema me interesaba sólo relativamente, así que no me puse a buscar información. Es por eso por lo que no te sé decir si el mundo se acaba cuando el primer país entre en el día 21, cuando entre el último, cuando salga el primero… No lo sé y… no sé si quiero saberlo. A fin de cuentas, si tuvieras la oportunidad de saber exactamente cuándo vas a morir, ¿lo preguntarías? ¿Te pasarías el resto de tu vida contando los días, las horas, los minutos, hasta tu ingrato final? Además, es posible que ya estemos muertos y no lo sepamos. ¿Quién puede decir que no?

Algunos escépticos dicen que eso no son más que paparruchas. Algunos literatos dicen que los mayas no dijeron fin del mundo, dijeron fin del mundo tal y como lo conocemos. Y algunos grandes literatos dicen que, sencillamente, se acababa el calendario y había que reiniciarlo. Algunas personas, simplemente, siguen con su vida sin prestar atención a tantas tonterías. Pero en cierto modo me parece injusto. Si el mundo no se acaba, el día 22 estará lleno de gente diciendo a otra gente “¿Lo ves, idiota? Ya te dije que era una tontería”. Sin embargo, si el mundo, efectivamente, se acaba, esos “idiotas” no tendrán ocasión de decirnos “¿lo ves?”. Pero bueno, hace tiempo que sabemos que  la vida puede ser muchas cosas, pero que justa no es una de ellas.

Hay tanto que no sabemos… ¿Qué crees tú, cansado caminante?

Yo… no digo nada. Si el mundo se acaba, no viviremos para lamentarlo, así que no será un gran cambio. Y si no se acaba… no cambiará. ¿Cambio de orden? Creo que eso es lo que más me asusta. No que se produzca un cambio de orden, sino precisamente que no se produzca. Que no pase nada. Que sigamos como hasta ahora, exactamente igual que hasta ahora, haciendo lo mismo, diciendo lo mismo, pensando igual. Que miremos a nuestro alrededor y nada haya cambiado. Que la historia no cambie. Y que 2013 sea para 2012 lo que 2000 fue para 1999: nada. Un dígito más en la cuenta de las unidades.

Y al mismo tiempo, me aterra que ocurra. Porque, a fin de cuentas… mira a tu alrededor. Es posible que desde tu isla desierta, como yo desde la mía, puedas ver poco más que mar. Pero presta atención… y escucha. ¿Lo oyes? Yo estoy escuchando…

Y oigo. Oigo unas voces, unos ecos, en un parque de skate a tiro de piedra; los golpes, las risas, las maldiciones. Oigo unos gritos en un parque a otro tiro de piedra; las peleas, los empujones, la violencia. Oigo los llantos de un niño, llamando a su madre, y los pasos de una madre, que acude a la llamada de su hijo. Oigo los labios furtivos de un beso robado, y de una sonrisa fugaz. Oigo el aliento de los pulmones de alguien que acaba de llegar. Oigo los nervios de alguien que tiene más trabajo del que puede hacer. Oigo el último suspiro de un anciano. Oigo los sollozos de un niño que empieza a comprender que su madre acaba de morir, que ya no volverá. Oigo las conversaciones de un grupo de amigos, ajenos a lo que les rodea. Oigo las miradas del único que ha quedado fuera de ese grupo, su soledad. Oigo la alegría, la tristeza, la indiferencia, el amor, el cariño, la rabia, la constancia, el terror, el odio. Oigo los acordes de un piano, el viento que sopla por entre los resquicios de una ventana. Oigo el calor sofocante de alguien que muere poco a poco en un desierto. Oigo la garra de hielo de alguien a quien se le escapa la vida de entre los dedos en una cueva congelada. Oigo la vida, la tierra, el agua. Y, sobre todo, oigo el silencio.

¿Puedes verlo? Sería una crueldad acabar con un mundo así. Y, sin embargo, sería terrible que el mundo no cambiara.

Ignoro qué ocurrirá a partir de ahora, compañero de camino. Pero espero poderte volver a ver. Tengo tanto, tanto que contarte… espero poder hacerlo. Si sobrevivimos a lo que está por venir, te prometo que te mostraré lo que te prometí en la última botella.

Te hablaré de otros mundos.

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Viajero nostálgico
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