Y una vez más, San Valentín

Es increíble lo que llega a ver uno. Hoy la gente busca de todo, como siempre, y encuentro aún más cosas. Pero hoy, 14 de febrero, se busca especialmente algo muy concreto: se busca a San Valentín. Y creo que lo que podemos ver nos dice… que algo va mal; algo va muy mal.

Porque hay hay cientos, miles de personas buscando a San Valentín, buscando cosas bonitas, buscando regalos, buscando cosas que decir. Pero hay millones, decenas de millones, buscando el día de los desenamorados, buscando el San Valentín de Sheldon Cooper (quizá el San Valentín más racional de todos), buscando al santo de los desenamorados. Son más… muchos más. Creo que eso demuestra que son más los que tienen el corazón partido, o quizá sólo abandonado, con los que han sido tocados con la gracia de poder compartir la soledad.

La verdad es que este año apenas si he notado la decoración. Llegó ayer y me descubrí pensando “Vaya… ya es 13 de febrero… ¿dónde están los corazones, los angelitos, los adornos rojos? ¿Dó las figuritas, los llaveros dobles, los cojines?” Y aún más hoy: “¿Dónde están las parejas…?” Parejas he encontrado a algunas, pero no a tantas como hubiera querido… o quizá no querido. Porque odioso como pudiera ser y es ver demostraciones de amor empalagosas de tan dulces, es buena señal ver que existen. No verlas… no puede presagiar nada bueno.

Los adornos son otro cantar. Me he dado cuenta de que están ahí, y ahí estaban desde hace una semana, rojos y chillones como siempre. No puedo sino preguntarme, pues, por qué este año no las he visto. Por qué no he percibido su presencia hasta el propio día. Y por qué el mismo día de los desenamorados ha parecido tener aún más desencanto del habitual. Y me pregunto… si no me habré vuelto ya inmune a sus efectos, al influjo de tan infame día.

Y me aterra pensar que la respuesta puede ser sí. ¿Qué puede quedar de mí si me vuelvo inmune al amor? Aunque quizá sea inmune sólo al impulso consumista…

O quizá, como siempre, lo piense todo demasiado y la respuesta sea más fácil. Quizá las tiendas no tenían tanto dinero para invertir. Quizá las parejas no tenían tanto tiempo para compartir.

O quizá es que ya no hay tanto amor en el mundo…

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Viajero nostálgico
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