Autoengaño

Comprendió que no podía volver a casa… Así que decidió que no quería hacerlo.

La historia de nuestra vida, al parecer. Un círculo completo de mentiras, engaños y autoengaños. Es simplemente asombroso cuán lejos puede llegar la estupidez humana. Es decir, ¿puede uno ser tan idiota como para pensar que puede engañarse a sí mismo? Estamos hablando de nosotros mismos. ¿Cómo podemos plantear un “Venga, voy a mentirme a mí mismos”? Conocemos las bases de la mentira, luego sabemos que es una mentira, así que no nos podemos mentir… ¿no?

Y sin embargo podemos. O no. Es curioso: depende de en qué tratemos de mentirnos y cómo. No podemos mentirnos en lo más simple pero sí en lo más elaborado, cuando en cierto modo debería ser al revés. Deberíamos ser capaces de mentir en algo simple, sencillo, pero nos debería costar mantener una mentira compleja, algo complicado. Pero parece que no…

Todos hemos tratado de engañarnos con el despertador, con el reloj. Adelantar la hora 5 minutos para sugestionarnos, para hacernos creer al día siguiente que vamos 5 minutos tarde, para salir a tiempo. Ah, pero el día siguiente amanece y el despertador suena y pedimos 5 minutos más y luego otros cinco y aun 10. Y ya vamos justos de tiempo, pero bueno, el reloj va adelantado, aún se puede dormir 5 minutos más. Y ya vamos tarde y hay que correr, y no nos pudimos engañar porque sabíamos que el reloj estaba adelantado.

Pero hay otras veces en las que sí tenemos éxito. Probablemente porque una mentira repetida el suficiente número de veces se convierte en una verdad. Por ejemplo, el trabajador al que despiden y decide que ya no quiere seguir trabajando en esa empresa, que es momento de buscar nuevos horizontes o que la competencia es mejor, pague más o pague menos. También la chica a la que abandona el novio, ya sea por otra o no, y que decide que ya no la quiere. Es más, en realidad nunca le quiso, sólo estaba con él para pasar el rato. Y, por supuesto, está el chico que no gusta a ninguna chica y, tras varios años de soledad, decide que si aún no tiene pareja es porque todavía no ha encontrado a la adecuada.

Podemos repetir ese argumento, esté entre los mencionados o no, a todas las personas que queramos: conocidos y desconocidos, parientes, amigos, pareja… Y está muy bien. A fin de cuentas, no es más que un mecanismo de defensa. Es mucho más fácil aceptar que no queremos hacer algo que aceptar que no podemos hacerlo. Está muy bien tratar de convencernos de que es así. El problema es que, al final, nos lo creemos, lo cual lleva al siguiente paso: olvidamos la verdad. Tarde o temporano, el empresario olvidará que la empresa le echó, la chica que el novio la dejó y el muchacho que nadie le quiere.

Quizá no sea algo malo. Hay muchas cosas en el mundo por las que nos podemos quejar, éstas no parecen las más importantes. En cierto modo, parecen casi nimiedades. ¿Olvidar la verdad? ¿A quién le importa?

Quizá lo que más me preocupa no es que seamos capaces de engañarnos a nosotros mismos y olvidemos quiénes somos y qué nos llevó a determinada situación.

Quizá lo que más me preocupa es que no nos importe…

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Acerca de Tatherwood

Viajero nostálgico
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