Irreflexiones I

Me pregunto qué será de mí cuando mi cerebro deje de funcionar, cuando mi mente muera. Según un médico seguiría vivo siempre y cuando mi corazón no hubiera dejado de latir pero… creo que el concepto de vida debería ir más allá de simples palpitaciones. Quizá seré un muerto en vida.

No sé qué será de mí cuando mi mente muera, pero hasta entonces la usaré tanto como pueda y pensaré. Pensaré, pensaré y volveré a pensar, da igual en qué. Pensaré en cosas importantes, en cosas absurdas, en cosas triviales, en cosas divertidas y en cosas sin sentido. Pensaré hasta el día de mi muerte, en cualquiera de sus formas. Y los que me conocen saben en qué pienso la mayoría de las veces: en el último grupo. Quizá sea una persona rara, pero hobbys los hay de todos los tipos: unos bailan, otros beben, otros corren, otros hacen skate, otros estudian… yo pienso, pienso en cosas que no llevan a ninguna parte. ¿Quién conoce la satisfacción de pensar, razonar, enfadarse, confundirse y pensarlo un poco más para, al final, no llegar a ninguna conclusión? ¿A hacer trabajar la mente sin más motivo y fin que hacer trabajar la mente?

Y esas cosas que hacen que la cabeza nos dé vueltas, esas cosas de las que la mayoría de la gente huye con un cabeceo considerado o un suspiro catastrofista, esas paradojas, esas dudas existenciales, son las que yo busco, son las que alejan la sensación de vacío cuando, al llegar al final, estoy aún más confuso que al principio. Son mis reflexiones… y mis irreflexiones.

 

Todo es relativo

¿Cuántas veces lo hemos usado y cuántas veces lo hemos oído? Yo la uso casi diariamente, ya que considero que el relativismo básico es fascinante. A fin de cuentas, todo depende de la perspectiva, absolutamente todo. Pero ahí está el problema.

Si todo es relativo… entonces “todo es relativo” también es relativo. Y eso es un problema, porque sólo hay dos aproximaciones posibles.

La primera, que todo es relativo excepto “todo es relativo”, con lo cual no todo es relativo.

La segunda, que todo es relativo, incluyendo “todo es relativo”, con lo cual, al ser relativo, dejaría de serlo. Es decir, que no todo es relativo.

Con lo cual y por lógica, se llega a la conclusión que no todo es relativo. Y sería un pensamiento tan bueno y normal como otro cualquiera de no ser por un pequeño detalle: la causa de la deducción de que no todo es relativo, es precisamente la afirmación de que todo lo es.

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Viajero nostálgico
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