Amanecer de la primera nochenueva

Acabo de enviar una botella dirigida a más de 200 personas. No sé cuántos la recibirán, cuántos la leerán ni cuántos responderán. Pero no importa. Ya lo he hecho. Y hay otra cosa que quiero hacer. Puesto que esa botella estaba dirigida a tanta gente, déjame, viajero errante sin nombre ni rostro, dirigirte esta otra a ti y sólo a ti.

Dime, peregrino eterno. ¿Qué ha sido de ti esta nochevieja? ¿Cómo has estado, dónde has estado? ¿Y con quién? Más aún: ¿importa? Si me dices que sí, como si me dices que no, quiero saberlo todo. Cuéntame qué ha pasado y por qué. Y dime que ha merecido la pena. Dime que no hay arrepentimientos, ni rencores, que digan lo que digan has hecho lo que te dictaba el corazón… y que estás en paz contigo mismo. Porque esa no es la mejor manera de terminar el año… es la única.

Permíteme una pregunta, cansado vagabundo. ¿Le has pedido tu deseo al reloj? ¿Crees que te lo concederá? Y, si es así, ¿crees que será tuyo por el mero hecho de haberlo pedido, que puedes sentarte bajo un árbol y esperar a que llegue? ¿O, por el contrario, crees que deberás luchar para ganarte el derecho a tenerlo?

Permíteme otra, tenaz caminante. ¿Te has marcado tus propósitos de año nuevo? ¿Piensas cumplirlos? Yo nunca los he entendido demasiado. Siempre me han parecido algo vacío, irrisorio. A fin de cuentas, son pocas las personas capaces de lograr lo que se proponen: intentar algo es fácil; conseguirlo, no. Pero si hay algo en lo que creo firmemente, es en que de los errores se aprende, y en que debemos ser capaces de mirar al pasado sin miedo, con los remordimientos necesarios pero con la frente bien alta, antes de poder resurgir de nuestras cenizas. Así que quiero que me digas tus propósitos de año nuevo, pues tal vez pueda ser un apoyo en tu periplo para resolverlos. Pero permíteme, a cambio, y si me concedes el honor, el derecho y el privilegio, añadir uno más a la lista: recuerda.

Recuerda siempre y no olvides nunca. No dejes de mirar atrás, si es necesario, pero pase lo que pase has de recordar. Hoy, viejo peregrino, eres quien eres gracias, en gran medida, a los que te han rodeado.
Los que caminaron a tu lado, los que te dieron la espalda, los que te escupieron a la cara, los que te tendieron la mano, los que te insultaron, los que te animaron, los que te dieron cobijo… Los que desaparecieron en el momento más importante, los que llegaron en su lugar como caídos del cielo. Los que creías que serían tu apoyo y fueron los que provocaron tu caída… y los que creías que serían la primera risa por el golpe y fueron los primeros en ayudarte a levantarte. Todos ellos te han ayudado a forjarte. Todos ellos te han definido como persona. Y gracias a ellos eres quien eres. Así que no les olvides nunca.
Porque si pierdes tus recuerdos, lo pierdes todo.
Porque tus recuerdos son lo único que tienes para saber quién eres…

Esta noche, apagado viajero, quiero invitarte a compartir pensamientos y palabras a la luz de esta magnífica oscuridad. Ahora, en la primera nochenueva de la historia. O quizá en la que hace 2010, o en la última. ¿Quién sabe? ¿A quién le importa? Es mi primera y, por tanto, te permito llamarla primera también.

Únete a mí, pues, ahora, y compartamos el amanecer de la primera nochenueva. Amanecer que se acabará cuando salga el sol de año nuevo.
Pero tranquilo.
Todavía nos quedan algunas horas…

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Viajero nostálgico
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