Cuando se acercan tiempos difíciles…

¿Has sentido alguna vez, viajero perdido, que se acercan tiempos difíciles? ¿O te han cogido siempre por sopresa? Seas o no capaz de verlos venir, estoy seguro de que sabes a qué me refiero. Hablo de esos tiempos en los que todo falla a la vez, todo te falta y nada puedes hacer. Hablo de esos tiempos en los que no tienes control sobre absolutamente nada. Hablo, en definitiva, de esos tiempos que tanto luchamos por evitar, sin éxito las más de las veces.
¿Qué haces tú, viajero errante, cuando se acercan tiempos difíciles? ¿Te preparas para rodar con el golpe o tratas de aferrarte a algo y resistirlo? ¿O eres quizá de los que prefiere ignorarlo y seguir como si no pasara nada y “cuando llegue llegará”? Hagas lo que hagas, dime algo: ¿funciona? Me gustaría tener las respuestas a todas las preguntas que me hago y que alguna vez me haré. Si tuviera todas las respuestas, tal vez podría cambiar las cosas; si entendiera todo lo que pasa, tal vez podría arreglar algunas. Si fuera más sabio, quizá podría hacer algo… Pero no lo soy. Por eso te pido, quienquiera que seas, dime cómo te preparas tú para esos tiempos difíciles y si funciona, porque si te ayuda lo haré yo también.

Porque se acercan tiempos difíciles; lo sé… lo presiento. Me lo dice la tierra, me lo murmuran los árboles y me lo confía el viento. No sé cuánto tardarán en llegar ni qué forma tomarán, pero empiezo a ver la niebla en el camino que transito. No me preocupa especialmente su presencia, porque ya la he visto otras veces. Pero, por primera vez, tendré que atravesarla solo… y eso me inquieta.
Dicen que aquello que no nos mata nos hace más fuertes… Puede ser; pero ¿a qué precio? Si nos deja moribundos tal vez no compense. Aunque tampoco es que dependa de nosotros.

Déjame decirte algo, caminante sin nombre; permíteme la osadía de decírtelo a ti, porque a nadie más le puedo confiar hoy estas palabras. Concédeme el privilegio de dirigirte a ti el mensaje que otros habrían de recibir y no recibirán. Déjame decirte lo que los demás no pueden o no quieren escuchar.
Estoy intranquilo y tengo miedo. Veo venir el golpe; vienen en grupo y serán contundentes. Quizá unos más que otros, pero ninguno gentil. Golpearán donde más duele; también en lugares que no sabía que dolían. Y llegarán en un momento en el que me faltan apoyos. No sé si seré capaz de rodar con el golpe, pero me parece que tampoco tendría nada a lo que sujetarme aun si quisiera.
Quizá todavía me quede tiempo para reír un poco; quizá todavía pueda alejar un poco el miedo y el dolor con una sonrisa. Quizá… pero no sé por cuánto tiempo.

Por eso esta noche lanzo esta botella; esta misma botella que tú, peregrino confuso, tienes ahora frente a los ojos. Y, quizá, si dejas que siga flotando, llegue a más gente que también sabe que se acercan tiempos difíciles pero no sabe cómo afrontarlos. O quizá no.
Pero esta noche en la que no tengo respuestas, buscaré ayuda en lo que desconozco. Te pido que te unas a mí en esta súplica desesperada.

Ser todopoderoso creador de la existencia, si es que existes.
Divinidad vengadora portadora de justicia, si es que actúas.
Fuerzas del agua, poderoso viento, cálida tierra.
Estrellas que huidizas me esquiváis en mi incansable búsqueda.
Padre sol, madre luna…

Cualquiera que me escuche…

Dame fuerzas…

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Acerca de Tatherwood

Viajero nostálgico
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