“Qué malo es llegar a viejo”

-Ay, Dios mio de mi vida, y de mi muerte…
-¿Qué pasa papa?
-Pues nada hija. Que qué malo es llegar a viejo.
-Pues no papa; no. Lo malo es no llegar.

Me pregunto…
Me pregunto hasta qué punto es eso cierto. Más allá del optimismo y del pesimismo, y de decir si la vida es buena o mala, bonita o fea, la vida es dura. Y difícil. No es fácil llegar a viejo, aunque tampoco llegar a maduro. Y desde luego no es fácil ser joven. Y no sería fácil ser niño si viviéramos en una raza de depredadores, con cachorros desprotegidos. No es el caso, aunque a veces lo parezca… La vida es difícil.
El ser humano atraviesa muchas etapas, todas complejas. Y ninguna sencilla, pues no hay que olvidar que una cosa no quita la otra. Pero esas etapas tienen que atravesarse invariablemente, pues es la única forma de alcanzar la siguiente. Ahora bien. Nuestra vida es nuestra. O debería serlo al menos.
¿No deberíamos ser capaces de elegir cómo vivirla? Y más importante. Ya que no podemos elegir cómo empezarla, ¿no deberíamos al menos ser capaces de elegir cómo acabarla?

No es fácil ser anciano; nunca lo ha sido. En tiempos remotos, tal vez prehistoria, tal vez antes, o incluso tal vez después, ser anciano era una debilidad: quedar expuesto a los no pocos peligros de la vida salvaje del entorno. Más tarde, ya en la historia, ser anciano era una debilidad: un anciano no tenía la capacidad física para mantener un campo, pero consumía parte de lo que producía. Más tarde, en la "modernidad", ser anciano era una debilidad: un anciano no podía mantener el ritmo de trabajo de un jovenzuelo en las fábricas.
Todas estas debilidades siempre se han asociado al deterioro físico de los ancianos.
Hoy día, en la vanagloriada época contemporánea, donde esos problemas físicos están, o deberían estar, obsoletos, aparecen otras debilidades. Debilidades psíquicas; se llaman alzheimer, demencia… Hoy día, en la época de la buena vida, de la sensación de vivir, en esa época que tantas promesas traía, esos problemas son el pan de cada día. Y el de cada noche.

No sé qué nos deparará el futuro; quiero creer que nadie puede decírmelo. Pero una cosa sí sé. Me gustaría llegar a viejo fuerte como un roble, un perfecto ejemplo de salud. Pero sé que eso no pasará. Así que apuntaré más bajo. Me gustaría llegar a viejo con tres piernas, dos incapaces de sostener mi cuerpo maltrecho y un bastón del que ayudarme; con la vista cansada, ojos necesitados de gafas; tal vez duro de oído, necesitando que suban el tono de voz para escuchar. Todas esas cosas podría soportar, y quizá algunas más, siempre y cuando tuviera mi cordura. La razón, dicen, es lo que nos distingue de los animales. No quiero entrar en el eterno debate de que poca razón tiene la especie que se extermina a sí misma y a las demás por simple diversión, que se dedica a destruir su hogar, que…
Pero es la razón, a fin de cuentas. Con mi cordura de mi lado, soy capaz de grandes cosas. O tal vez no, tal vez soy un simple títere capaz sólo de cosas pequeñas. Pero soy capaz.
Si mi cordura me abandona; si mi memoria me falla; si mi razón me deja… entonces ya no tengo nada. Seré un simple hombre capaz de hacer… lo que no sabe o quiere hacer.
No voy a entrar en los molestos debates éticos y políticos acerca de la conveniencia o no de la eutanasia. Pero aun así…
Aun así me pregunto…
¿Hasta qué punto es cierto eso? ¿Hasta que punto no es malo llegar a viejo, lo malo es no llegar?

Esta noche, mirando ese cielo negro que cada noche me acompaña, pienso…
¿Es realmente tan malo pensar así?
Porque pienso…
¿Sería mejor apreciar la última noche sin estrellas claramente, sin molestas preocupaciones?

¿O tal vez sería mejor presenciar unas cuantas noches más y marcharse con el recuerdo de la última noche desde unos ojos nublados, un cuerpo maltrecho?

Esas cosas, creo, podría soportar.
Pero…

¿Y vivir la última noche sin estrellas sin ser conscientes de lo que hay a nuestro alrededor, amigos, familiares, la noche misma, sin saber qué estamos mirando, la memoria ya muerta…?

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Viajero nostálgico
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Una respuesta a “Qué malo es llegar a viejo”

  1. luis Robles dijo:

    Sigo pidiendo a Dios llegar a la vejez pero ser el viejo mas feliz de la tierra, y para ello quiero prepararme, olvidando primero mis rencores, mis sufrimientos y enfermedades, perdonar a todo pues solo es vanidad de vanidades, cada dia uno es mas viejo y cada segundo se va desgastando el cuerpo y renaciendo el alma, la tierra me llama a cada momento para integrarme a sus atomos y renovar la fas del mundo, pero nada se detiene todo pasa y siempre fue asi no existio un Matusalen con dinamismo hasta el final pero solo la palabra persiste hasta el final.

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