Infancia truncada

La ley del menor, desgraciadamente, está sometida cada vez a más presiones precisamente por culpa de aquellos a los que, se supone, ampara. Ésta, cada vez más condescendiente, ha evolucionado de una forma no demasiado favorable; al menos, no para el gusto de muchos. De la prohibición a un profesor de ponerle la mano encima a un alumno, pasamos a la prohibición a los padres de ponerles la mano encima a sus hijos. Hay padres llevados a juicio por darles una bofetada a los niños. Y, naturalmente, por niños no se entiende sólo tiernos infantes de corta edad.
Hemos llegado también al extremo de que un adulto maltratado por un adolescente no puede defenderse, ya que si al protegerse golpea al menor, tiene todas las papeletas para acabar en la cárcel. Si un profesor le dice a un padre "Su hijo me ha pegado", muchos padres contestan "Algo le habrá hecho".
La realidad es cruel, dura, ruda, cruda, repugnante y asquerosa; pero mirar hacia otro lado no la cambiará. Eso es lo que nos rodea, para bien o para mal. Para mal, en realidad.

El auténtico problema, porque ése no es, ni mucho menos, el menor de los males, llega cuando nos damos cuenta de lo que hemos conseguido con esa actitud y vemos que ahora hay que hacer lo posible por cambiar las cosas. Pero no es fácil. Hemos viajado de un extremo al otro, y ahora queremos, necesitamos volver al primero. Porque si apuntamos al extremo contrario nos pasaremos del término medio, pero si apuntamos al término medio… no cambiaremos nada.

La red está llena de vídeos y fotos de jóvenes que se vanaglorian de humillar y abochornar al profesor, y de demostrar que éste, impotente, no puede hacer nada. Youtube no los puede borrar tan rápido como la gente los sube. Y eso es lo que hay. Pero no es, ni mucho menos, todo.

Porque ahora también hay crímenes, crímenes de verdad. No sólo robos y gamberradas. Hay palizas, violaciones y asesinatos. Hay ensañamiento. Hay un deseo de hacer daño. No es necesario decir nombres, pero cualquiera podría hoy, 6 abril de 2010, decir dos sin pensar un poco siquiera, y dos más pensando un minuto. Y sólo seria necesaria una rápida búsqueda en google para encontrar cuarenta nombres más. Pocos pasan de los 15 años. La protección del menor los ampara. Y eso, dicen los familiares de las víctimas, no es justo.

Las madres coraje han emprendido una odisea contra el estado y el gobierno, una lucha tal vez inútil, tal vez sin futuro. Pero una lucha, a fin de cuentas, que merece ser librada. Por ellos… por ellas… y por nosotros.
Y es triste escuchar su grito de guerra
No son niños. Son asesinos.

Es triste, si no por otra cosa, porque se equivocan.
son niños. Y también son asesinos.

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Acerca de Tatherwood

Viajero nostálgico
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