Nieve

Hoy ha sido un día cualquiera, esto es, unas nubes negras cubriendo el cielo que no se diferenciaban en nada de las negras nubes de los últimos sesenta días. Nada parecía indicar que nada fuera a ser distinto; y nada lo indicó, salvo un grito de aviso: ¡Nieva!

En la universidad, en la biblioteca, en medio del silencio imperante y rodeados de libros y apuntes, los alumnos se han levantado uno por uno, acercándose a los ventanales más próximos para contemplar el espectáculo, esas diminutas motas blancas cayendo cual polvo de hada.

Y al marcharme yo, el escenario no era distinto: nevaba. Y al salir de la universidad, en las oficinas cercanas, no se veía nada que no fueran ventanales abarrotados y portales atestados, tal era la ansiedad de la gente por ver la caída de los copos. Avanzando por la calle tal vez pudiera uno quejarse y decir que no era nieve, que era aguanieve, que no había por qué hacer tanto escándalo. Yo, diré que no. Tal vez fueran sólo unos diminutos diamantes de cristal, tal vez fueran demasiado débiles para aguantar más de un par de segundos sobre la calidez de la mano, pero esas pequeñas estrellas blancas eran, sin duda alguna, nieve. Y en el camino de regreso la escena era aún mejor. Los remolinos de aire creaban corrientes que parecían querer jugar con los copos, como un amigo juega con otro tras mucho tiempo sin verse. Pero lo cierto es que, durante varias horas, el viento y la nieve han sumido media Cataluña en una auténtica miniventisca, y no pocas personas han quedado atrapadas en uno u otro lugar.

Algunos expertos aseguran que hoy es un día crítico porque, después de varias semanas sin sol, la raza humana empieza a estar en peligro. La falta de luz tiene consecuencias tales como apatía, mal humor, e incluso agresividad.
Por mi parte, he de decir que los expertos pueden decir misa a este respecto. Porque todos sabemos que no es así.

Ya por la tarde, estando en casa, miraba por la ventana, absorto con el temporal, cuando he visto como un motorista bajaba por mi calle. Al girar para entrar al parking, la moto le ha patinado y se ha ido al suelo. Al parecer, por suerte, no se ha hecho daño, ya que ha sido capaz de levantarse por si mismo, pero debido a la inclinación de la calle y a lo resbaladizo del suelo, era incapaz de ponerla en pie. He visto como tres coches empezaban a bajar por mi calle, despacio para no patinar. He visto como el primero frenaba aún más al pasar junto al accidentado que seguía, sin éxito, tratando de poner en pie su motocicleta. Y también he visto como el conductor paraba el coche, ignorando el cláxon de los otros dos, y se bajaba para ayudar al hombre. Y tal vez alguien diga que eso no tiene nada de especial. Tal vez alguien diga que "¿Se necesita una razón para ayudar a alguien?". Pero también habrá alguien que no dará crédito. También habrá alguien que no sea capaz de concebir tanta bondad. Yo, relativista de nacimiento, me sitúo en un punto medio. Ciertamente no es frecuente, pero tampoco es algo que debiéramos tachar de imposible. Yo, a fin de cuentas, he perdido la fe en la humanidad en general, pero no en cada humano individual.

También he visto, por la mañana, en la universidad, al empezar a nevar, muchas cosas. He visto una compañera tirarse de los pelos ante la incapacidad de acabar un trabajo, y la he visto levantarse, maravillada, y quedar hipnotizada frente a la ventana. He visto colegas charlando de chicos y de chicas, y de sexo y de alcohol, comprender el valor del silencio ante el inesperado suceso. He sido testigo de como una pareja discutía, por una nimiedad, hasta casi llegar a las manos; y he visto como se serenaban ante esa lluvia de cristal blanco, como se abrazaban, como se querían…

¿Apatía, mal humor? Tal vez… tal vez no.

Supongo que, como dijo el viejo Irv:

No importa lo viejo que seas; siempre es difícil no alegrarse cuando la nieve cae porque, siempre que siga cayendo, nadie puede obligarte a ir a ningún sitio, ni a hacer nada. Todas las reglas de la vida se suspenden.
Lo mejor de la nieve, además de las bolas, es que tiene un efecto igualitario. La nieve puede tomar cualquier objeto o situación, y ponerlos en el mismo nivel. No puede importarle menos lo que haya debajo.
No es sólo que la nieve haga el mundo bonito. La nieve nos da a todos una segunda oportunidad. La nieve limpia, oculta los pecados de todos sin prejuicios, ni favores, ni culpas. Todo se vuelve puro otra vez, aunque sólo sea por poco tiempo…
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Viajero nostálgico
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