Nada

Nada, que gran vocablo. Pocas veces una palabra tiene tantos significados a pesar de, irónicamente, significar nada en absoluto. Nada es muchas cosas… nada es todo. Pero sobretodo, nada es nada.

Es una de las palabras que más nos gusta repetir: en cualquier momento, en cualquier lugar, en cualquier situación. Parece que nos llena la boca de una forma indescriptiblemente placentera. Nos encanta usarla.
Sobretodo, nos gusta usarla con los (así llamados) amigos. Aquel amigo que, preocupado al ver nuestra cara, se acerca y pregunta "¿Qué te pasa?" a lo que nosotros contestamos "Nada.". Contestamos "Nada" porque sabemos que, en ese momento, si algo no significa "nada", es precisamente "nada".

Todos en algún momento, siendo pequeños (e incluso no tan pequeños) hemos tenido la tentación de pasear por delante de nuestros (así llamados) amigos, poniendo cara de malas pulgas, deseando que nos pregunten "¿Qué te pasa?" sólo para poder darnos el gusto de contestar "Nada.". Es una de las cosas más absurdas que uno pueda imaginarse y, sin embargo, pocas personas podrían decir que no lo han hecho alguna vez.

Pero una vez que lo hemos dicho, el resultado ya no está en nuestras manos. El destinatario en cuestión puede deducir que no queremos hablar del tema y marcharse sin más. O puede, tal vez, contestar "O sea, que te pasa algo y no me lo quieres decir.", en cuyo caso puede también marcharse sin más después de decirlo o puede esperar una nueva respuesta. También puede sentarse a nuestro lado, muy callado, en silencio… y ponerse muy cerca, y rodearnos con su brazo, o apoyar su cabeza en nuestro hombro. Un tranquilo y silencioso "todo está bien: estoy aquí… estoy contigo.". Puede incluso darse el caso de que, en un absurdo despilfarro de buena fe para con el prójimo, piense que de verdad no pasa nada, que son imaginaciones suyas.

Sea como sea, con ese "nada" normalmente ocultamos algo, un motivo que no queremos compartir, una inseguridad que no queremos desvelar… o un simple deseo de llamar la atención.

Pero… ¿y cuándo el problema es… que no sabemos cuál es el problema? Tal vez eso sea más raro, pero ciertamente no significa que sea inexistente. Algunas personas sentimos en un momento determinado un vacío emocional, existencial, algo en nuestro interior que nos roba la energía vital. Caminamos apagados, sin fuerzas para hacer nada, sin motivos para sonreír. "¿Qué te pasa?". "Pues… estoy triste y no sé por qué…" es una respuesta demasiado absurda; "Nada." queda mucho mejor. Pero, ¿qué hacer? Sabemos que algo nos duele: nos duele el corazón, nos duele el alma… nos duele la vida.
Arruinamos cuanto tocamos: estudios, trabajo, amigos, pareja… todo se va al infierno a causa de nuestra actitud. Y deseamos con todas nuestras fuerzas mejorar, y cambiar, y volver a ser como éramos, pero no podemos. No podemos hacer nada, porque nada sabemos. No sabemos cuándo empezamos a sentirnos así, no sabemos cómo empezamos a hacerlo y no sabemos por qué…
Y quien nada sabe, nada entiende.

De modo que seguimos contestando lo mismo. "No me pasa nada, de verdad.".

Porque no podemos admitir frente a otros que nos duele la vida y no sabemos por qué. No podemos hacerlo porque, en el mismo momento en que lo hicieramos, lo convertiríamos en una realidad.

Y la realidad no se puede cambiar…

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Viajero nostálgico
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