Miedo

Qué es el miedo? Es algo que todos nos hemos preguntado alguna vez, pero… cómo darle respuesta? Qué es el miedo en realidad? Supongo que podríamos dar tantas respuestas como personas hay en el planeta, pero eso sería demasiado complejo… y complicado. La RAE tampoco nos sirve de mucho en este caso. Así pues, dónde podemos buscar la respuesta, qué es el miedo? Sencillamente, no podemos encontrarla. El miedo es algo sutil y cambiante como la más leve de las brisas.
Por mi parte, me gusta remitirme a la siguiente explicación:

Nadie es inmune a los miedos, porque hay muchos miedos, y muy diferentes, y tienen la habilidad de atacar cuando y por dónde menos te lo esperas. Hay quien tiene miedo de la muerte y quien tiene miedo de la vida, de la bronca de los padres, y de las felicitaciones demasiado comprometedoras, hay quien teme las emociones del amor, o al destino que se oculta bajo la piel de un gato negro, o a las manos que te esperan en lo más oscuro de la noche; hay quien teme al tráfico en un día de lluvia, o al infarto que sigue a un éxito de muchos millones, o a la pena que dan los ancianos dementes, o al castigo divino, o al humano, o al Drácula carroza y desfasado, o al Freddy de Elm Street que sólo mata yuppies, o a un ataque de misiles, o a un ataque de neutrones, o a la guerra mundial, al Juicio Final o al Armaggedon; hay quien teme lo que pueda hacer él mismo, existe el temor al triunfo y el temor al fracaso, existe el miedo a los espacios abiertos y el miedo a los espacios cerrados, miedo a las ratas y a los violadores, y el miedo a las tinieblas y el miedo a ver demasiado claro. Y existe el que dice que no tiene miedo porque le da miedo ver todos los miedos con los que carga. Y hay quien tiene todos estos miedos al mismo tiempo.
Y cada persona tiene su manera particular de enfrentarse al miedo. Hay quien queda paralizado, imposibilitado de hacer nada o de ir a ninguna parte. Hay quien enloquece a causa del miedo y se convierte en alguien imprudente y temerario, y no mira a dónde se lanza.
Y existe aquel que interpreta el miedo como quien oye una alarma, y no permite que lo detenga, ni que le haga retroceder, ni que le prive de hacer lo que desea. Muy al contrario, con miedo y todo, seguirá adelante en sus propósitos y tendrá muchas posibilidades de alcanzar su objetivo porque, precisamente gracias al aviso del miedo, tomará muchas más precauciones que si no lo tuviera.


Adaptado de El cartero siempre llama mil veces.
Andreu Martín y Jaume Ribera

Ésa, me parece una buena definición de miedo. Por mi parte, no sé definir el miedo pero sé lo que es. Es la cosa más estúpida que jamás conoceremos.
El miedo es profundamente subnormal, idiota, estúpido y absurdo. Es el miedo el que hace que, al entrar en casa y escuchar un ruido sospechoso, con voz temblorosa preguntemos "Hay alguien ahí?" como si de verdad esperáramos que el potencial ladrón nos contestara "Sí, soy un ladrón y estoy robando en tu casa, estoy en el salón.". Es el miedo el que hace que, al estar en la cama y escuchar un ruido, nos tapemos con la sabana hasta la nariz, confiando que esa pieza de tela sea capaz de hacer rebotar las balas y quebrar los cuchillos. Es el miedo el que hace que, cuando hemos reunido el coraje para levantarnos e inspeccionar la casa, al llegar a la última habitación, con la puerta cerrada, la abramos muy poquito e introduzcamos la cabeza lentamente, mirando a ambos lados, ofreciendo así un blanco perfecto de nuestra desprotegida nuca.

Pero el miedo también es algo sensato, prudente e inteligente. El miedo es el que nos dice que no hay que pincharle el ojo con un palito a un cocodrilo dormido. Es el que nos dice que hay correr en dirección contraria si vemos humo. Es el miedo el que nos dice que no tenemos que usar callejones oscuros a modo de atajo.

El miedo es todas esas cosas… y muchas más. Porque también es la cosa más espantosa que uno pueda imaginar siquiera. Y pese a todo eso, pese a ser tan antiguo como la propia vida, seguimos tratando por todos los medios, de una forma tan absurda como estúpida, de demostrar a todo el mundo lo valientes que somos, haciendo temeridades, poniendo en peligro nuestras vidas y las de los que están a nuestro alrededor. Porque tenemos que ser más valientes que nadie. Porque tenemos que demostrar que somos más valientes que nadie. Y cuando todo el mundo sabe que somos muy machotes, entonces tenemos que demostrar que somos aún más valientes de lo que parecía, y en ese momento lo estúpido no es el miedo, sino ese falso valor. Y eso lo dice alguien demasiado cobarde para afrontar que el estúpido no es ese falso valor, sino él mismo.
Pero hacemos todas esas cosas porque la gente nos mira. Si tenemos público, tenemos que ser valientes. Pero… qué pasa cuando no mira nadie?
Qué pasa cuando caen las sombras, cuando llega la noche y estamos solos en casa? Qué ocurre cuando acurrucados en nuestras camas los juegos de luces dibujan siniestras formas en las paredes? Qué ocurre cuando el chirrido de una puerta en la casa de al lado nos suena como el grito desgarrador de un alma en pena? Qué sucede cuando nos retiramos a nuestros refugio último, a nuestros sueños, y el miedo nos persigue incluso allí, dándonos caza, transformándolo en horriblas pesadillas salidas de la imaginación del más sádico de los dementes? Qué ocurre cuando despertamos y nos repetimos "ha sido un sueño, sólo un sueño, un sueño y nada más", tratando de calmar nuestro pobre corazón? Algunos desisten de todo intento de descanso, se levantan y buscan cualquier tarea para mantenerse ocupados. Otros nos limitamos a darnos la vuelta, buscando el consuelo en el otro extremo de la cama vacía. Los más afortunados encuentran ese consuelo en la figura recostada contra ellos, tal vez aún dormida, tal vez ya despierta, preocupada por los lamentos que en sueños gemía su compañero.

Sea cual sea nuestro modo de afrontar ese miedo, seguimos adelante, el día siguiente volvemos a ser los machotes que fuimos ayer, y todo el mundo vuelve a aplaudir nuestra audacia. Y nadie de entre los presentes ve las ojeras ni esa sombra en los ojos. Actuamos y fingimos que todo va bien, que nada puede detenernos. Pero en el fondo sabemos que tenemos un temor puro e irracional, que tememos que acabe el día.

Porque sabemos que cuando el día acabe y caiga la noche, o cuando la gente deje de aplaudirnos y deje de mirarnos, o cuando más gente nos venga a aplaudir; porque sabemos que cuando salgamos a la calle, o entremos al ascensor, nos encontrará.

El miedo volverá a hacer presa de nosotros y, en esa ocasión, no será tan fácil escapar…

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Acerca de Tatherwood

Viajero nostálgico
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