Amanecer de la décima nochenueva

Bienvenido otra vez, viajero nostálgico.

¿Has oído su repicar? ¿Has visto sus destellos? ¿Has hablado con todos con los que debías hablar? Espero que sí.

Y bien, cansado caminante. ¿Qué ha sido de tu año? Yo ya te he hablado del mío. ¿Has podido tú hacer lo que querías? ¿Ha cambiado algo en tu vida? ¿De qué forma? ¿Y qué esperas de este nuevo año?

 

Por mi parte, yo no sé si tengo mucho que decir. Es lo que tiene la nochenueva, ¿no crees? Aquí, en este islote, en mutua compañía, a la luz de nuestra hoguera, el futuro puede parecer oscuro e incierto, pero también lleno de posibilidades. Aquí, en este lugar conocido, juntos, al calor del fuego, lo que ha de llegar parece lejano y nuestro lugar seguro y cálido.

Podría hablar de cosas nuevas que han de pasar este año. No muchas, cierto, pero quizá todavía me queden una o dos por probar. Podría hablar de cómo seguirán algunas de las cosas ya empezadas. Espero, al menos, que una de ellas vaya bien. Que mi voz llegue a algunas personas más. Podría hablar de los propósitos, tan famosos en esta época, y de cómo una de las cosas que ha empezado a ser demasiado difícil dejará de serlo. Y dejará de serlo porque le dedicaré ánimos renovados y volveremos a coger el ritmo.

Podría hacer todas esas cosas. Pero lo cierto es, eterno peregrino, que para cuando acabe nochenueva y el sol asome por el horizonte, en ese momento en el que la mañana es más fría y ni el calor de nuestra hoguera nos abrigue, tendré que admitir que es demasiado incierto. Que ya no me quedan ánimos que renovar. Que digo esperar pero ya no me queda fe. Que tengo miedo de probar las cosas que me faltan.

 

Pero bueno, no es necesario preocuparse ahora. No amarguemos esta nochenueva con innecesaria oscuridad. Limitémonos a disfrutar de la compañía. Y dentro de un año, cuando nos volvamos a ver, quizá pueda contarte algo de todo eso.

Hasta entonces, cuídate. Y no te rindas.

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De las cosas a las que nos aventuramos

Saludos, viajero nostálgico.

Celebro poder volver a hablar contigo. Esta vez, me temo, no presentaré disculpas por haber tardado un año en volver. Esta vez, me temo, vengo con algo que admitir. Este pequeño rinconcito de mundo sigue siendo un buen lugar en el que contemplar lo pasado y por pasar, pero me temo que ya he aceptado que es un simple sitio de paso. Para todos. Yo incluido.

 

Este año ha sido importante, cansado caminante. Tanto, que es posible que esté yo más cansado aún que tú. Este año ha sido testigo de mucho, de muchos intentos…y de demasiados fracasos. Pero al menos puedo decir que los intentos han quedado grabados en la memoria del mundo.

Este año ha sido testigo de cómo tomaba una decisión importante que podría afectar a cómo encaro el resto de mi vida. He de admitir que, en cierto modo, ha ido mejor de lo que esperaba. Teniendo en cuenta que soy yo quien habla, creo que eso dice mucho de lo bien que ha ido. Y sin embargo… me temo que no es suficiente.

Este año ha sido testigo de cómo tomaba una decisión basada en mi pasado y mi situación actual, empujada por el cansancio, por no querer seguir como hasta ahora. Fue mal, muy mal, mucho peor de lo que podría haber imaginado. Y me temo que me ha dejado con más de una secuela. Si te he de ser sincero, no sé si me recuperaré…

Este año ha sido testigo de la decisión final de cambiar la perspectiva y abordar un problema desde un ángulo totalmente distinto. Y ha sido testigo también de su consecuente fracaso. Lo cierto es que este problema me persigue desde hace tiempo y… empiezo a no ver más opciones. Y empiezo a estar cansado.

 

Este año es testigo, pues, de muchas cosas. Y creo que hay cierta poesía en ello, eterno peregrino, pues no importa cuántas cosas nuevas se hayan intentado, llegar a aceptar que este pequeño islote es un lugar de paso incluso para mí no hace más que cerrar el círculo. Estos mensajes en botellas se lanzaban, originalmente, una vez el año. Desde un lugar distinto, no desde mi islote. A un grupo de gente en concreto, no al mar infinito. Pero una vez al año.

Y eso cambió cuando naufragué y acabé aquí, pero aceptar que las botellas volverán a lanzarse sólo una vez al año aporta un cierto grado de… calma. De que algunas cosas no cambian o, al menos, acaban por volver a ser como eran.

 

Y ahora, ¡corre! ¡El tiempo apremia! Ya se oye su llegada…

Pero tranquilo. Estaré aquí cuando vuelvas.

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Amanecer de la novena nochenueva

Saludos, viajero nostálgico.

¿Cómo has estado? Ha sido un largo año, ¿verdad? Lamento no haber estado, aunque si he de ser sincero… me resigno ya, me temo, a que las botellas de nochenueva sean los únicos mensajes que me quedan por escribir. Creo que ya no haré promesas de lanzar más, pues me temo que no las podré cumplir.

Pero hablemos de hoy. Hoy, algunas cosas cambian, cansado caminante. Hoy escribo este mensaje de una forma distinta, en un lugar diferente. Hoy no dibujo estas palabras bajo la calma de esta noche sin estrellas. Hoy escribo rodeado de luz y ruido. Dejo a tu juicio si eso es algo bueno o no.

Pero más importante: hoy tomo una decisión. Este año tengo un propósito de año nuevo, y es algo concreto, específico. Hace algún tiempo que preparo algunos proyectos, no completamente seguro de si abordarlos o no. Llevo algún tiempo temiendo que, trabajando con múltiples ideas, ninguna llegará a buen puerto. Y, así pues, tomo una decisión: este año al menos uno de esos proyectos verá la luz.

Es probable que no llegue a ninguna parte, peregrino eterno. Pero al menos podré verte la próxima nochenueva y decirte que lo intenté.

Y quién sabe. Quizá funcione. Quizá me encuentres en este mar infinito. Si me ves, saluda. Siempre celebraré encontrarte.

 

Hoy no escribo más. Estoy cansado… Pero no temas. Te veré la próxima nochenueva. Lo prometo.

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Amanecer de la octava nochenueva

Y aquí estamos de nuevo, viajero nostálgico. En este pequeño islote a veces es difícil medir el paso del tiempo, pero el ruido y las flores de fuego en el cielo anuncian que hemos llegado a nochenueva. Aquí, junto a esta pequeña hoguera, es fácil pensar que todo saldrá bien. Así que pensémoslo; quizá tengamos un milagro de nochenueva.

Dime, cansado caminante; ¿cómo afrontas tú el futuro? ¿Eres de los que se fija una meta y lucha por alcanzarla? ¿O de los que se deja llevar por los vientos del destino? ¿Y qué opinas de los que siguen el otro camino? ¿Crees que uno es mejor que el otro?

Fijarse un objetivo podría ser, en cierto modo, una forma fácil (que no simple) de hacer las cosas. Buscar en tu interior, encontrar lo que quieres hacer y perseguirlo. Una vez que sabes a dónde quieres ir… sólo hay que seguir las indicaciones. Nadie dice que el camino será corto, ni fácil; nadie dice siquiera que, una vez llegues, sea el verdadero final del camino. Pero habrás llegado a donde querías ir.

Dejarse llevar podría ser, en cierto modo, una forma simple (que no fácil) de hacer las cosas. Coger la vida que tenemos y vivirla, mirando lo que hay a nuestro alrededor, no al frente. Avanzar con la corriente, disfrutar cada momento, contemplar cada lugar. Y preguntarnos una y otra vez “¿Es esto lo que estaba buscando?”. Si lo es, ya hemos llegado; y si no… no hay más que seguir viajando. El camino estará lleno de obstáculos, sin duda alguna (cómo no iba a estarlo si no miramos al frente), pero la sensación de descubrir el lugar que no sabíamos que buscábamos… debe de ser indescriptible.

Así pues, peregrino eterno, ¿qué opinas? ¿Crees que un camino es mejor que el otro? ¿Yo? El pesimista que hay en mí desea aullar que hacemos planes sólo para verlos hechos pedazos… pero mentiría si dijera que me sentiría cómodo avanzando sin saber a dónde voy. Al menos… la mayoría de las veces. Últimamente lo he estado pensando y… creo que diferentes personas tienen diferentes maneras, pero también que una misma persona, en diferentes momentos, puede tener diferentes maneras. Creo que está bien tener una meta… pero que no pasa nada si, al llegar, la meta no es lo que creíamos. Creo que, a veces, centrarnos en alcanzar la meta puede jugar en nuestra contra, cegándonos a cosas que necesitamos para alcanzarla, como aquel viejo cuento del leñador y el hacha roma.

 

¿Ahora? Bueno… creo que ahora me pondré como meta disfrutar del calor de estas llamas que lamen perezosamente la leña que tanto ha costado recoger, en la mejor compañía que podría pedir. Y luego, cuando salga el sol… Quizá me deje llevar por las corrientes que azotan este pequeño islote. Quizá despierte en algún sitio interesante. Quizá la próxima nochenueva tenga algo que contarte.

O quizá sea simplemente una nochenueva más, en la que te estaré simplemente agradecido por tu compañía. Este fuego no durará eternamente, y cuando no sea tan grande, ni tan cálido, esta playa será más fría y más oscura. Espero que, llegado el día, sigas conmigo.

Pero dejemos ese día para el día que llegue. Hoy, descansemos sin miedo. Es la belleza de nochenueva: puede pasar cualquier cosa. Es el número 0, con potencial infinito. Pueden pasar muchas cosas, y muchas pueden dar miedo… pero también hay muchas que iluminan de esperanza.

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De sorpresas, esperadas o no, buenas o no

Buenas noches, viajero nostálgico.

Celebro volver a estar aquí, hablando contigo, un año más, aunque me temo que, como ya empieza a ser costumbre, eso significa que ha vuelto a pasar un año en el que no hemos compartido gran cosa. ¿Será ésta nuestra nueva dinámica? No digo que sea necesariamente malo, pero… quizá sí un poquito solitario…

¿Cómo ha transcurrido tu año, peregrino eterno? ¿Ha sido más o menos como esperabas, al menos en la medida en la que pueden esperarse las cosas? ¿O ha habido alguna noticia que haya arremetido desde punto ciego? Por sorpresa…

Es curioso… Veo constantemente a gente que, al saber que hay una sorpresa involucrada, en camino, se emociona. Espera con ilusión las buenas noticias. Y en esos momentos no puedo evitar preguntarme qué les hace reaccionar así. ¿Quién empezó a enseñar que las sorpresas son, por necesidad, algo bueno? ¿Por qué no hay nadie que reaccione con ni siquiera una pequeña y sana cantidad de prudencia? Ciertamente no será la experiencia, pues me resulta difícil creer que todas las sorpresas pasadas fueran buenas. Aunque eso podría ser mi cinismo hablando por mí…

¿Qué crees tú, cansado caminante? ¿Es una ilusión nacida, quizá, de la inocencia? ¿De la ingenuidad? ¿…De la esperanza? ¿Creemos, quizá, que lo que viene será algo bueno, simplemente porque no queremos creer que pueda ser malo? El cínico en mí diría sin duda alguna que eso son tonterías, pero… Quizá haya cierta belleza en ese pensamiento. En esperar que las cosas sean buenas sólo porque no queremos que sean malas…

No me hagas caso. A estas alturas estas botellas ya no son más que los desvaríos de un náufrago que quizá ha perdido ya la esperanza de encontrar el norte en esta noche sin estrellas.

No te apures; todavía hablaremos un poco más esta noche, pero no ahora. A lo lejos las agujas advierten de lo que se avecina, así que aprisa… que el tiempo apremia…

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Amanecer de la séptima nochenueva

Saludos, viajero nostálgico.

Esta vez, me temo, nuestra reunión será corta. Esta vez… no tengo ni tiempo, ni medios, ni ganas de compartir. Esta vez, la maleta pesaba un poco menos… pero al mismo tiempo, pesaba mucho más…

Estoy seguro, cansado caminante, de que tu año fue mejor que el mío. Yo, al amparo de la luna, no pude frenar las lágrimas; cayeron sin parar, hasta que se agotaron y ya no caían. Llegó un punto en que no pude sino reír, fueran los tiempos buenos o malos, y pensar que quizá las lágrimas pueden tener más de un color.

Y en momentos así, no pude sino desear a alguien que, al abrazarme bien fuerte sin quererme soltar, me dijera que todo iba a salir bien, que no estaba solo. Y quizá, entonces, podrían volver a caer.

Acepta mis disculpas, peregrino eterno, si en esta nochenueva parezco críptico, frío y distante, pero ni yo mismo soy capaz de ponerlo en palabras. Espero que puedas perdonarme y que, en la próxima, quieras volver a acompañarme. Y que, para entonces, yo pueda darte la compañía que te mereces.

 

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Amanecer de la sexta nochenueva

Saludos, viajero nostálgico.

Disculpa si hoy me ves lento. Cosas que escapan a mi control han azotado mi pequeño islote desierto y he sido casi incapaz de lanzar esta botella. Pero aquí estoy ahora.

¿Cómo ha sido tu año? ¿Has podido avanzar sin dudas en tu corazón o, por el contrario, has avanzado vacilante, volviendo la vista atrás cada pocos pasos? Y de ser así, ¿qué has visto? Es una sensación extraña,  ¿no crees?

Todos avanzamos bajo el peso del inexorable paso del tiempo, pero muchas veces nuestro pasado nos alcanza. Nos encontramos con gentes que, en su tiempo, anduvieron junto a nosotros hasta que nuestros caminos divergieron. Pero no son los mismos, y los que quedan… han cambiado. Nosotros también, claro, pero siempre es difícil ver nuestro propio reflejo.

Y cuando los encontramos volvemos a aquellos días en que las cosas eran más fáciles, y queremos quedarnos allí. Pero cuidado, cansado caminante. Recuerda que vivir de los recuerdos puede ser un refugio tentador, pero también es traicionero. Guárdate de no encontrar luego la salida.

Pero tranquilo: el calor de esta hoguera es puro e inocente. Quédate conmigo esta noche. Mañana tendremos otro largo año que transitar…

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