Amanecer de la sexta nochenueva

Saludos, viajero nostálgico.

Disculpa si hoy me ves lento. Cosas que escapan a mi control han azotado mi pequeño islote desierto y he sido casi incapaz de lanzar esta botella. Pero aquí estoy ahora.

¿Cómo ha sido tu año? ¿Has podido avanzar sin dudas en tu corazón o, por el contrario, has avanzado vacilante, volviendo la vista atrás cada pocos pasos? Y de ser así, ¿qué has visto? Es una sensación extraña,  ¿no crees?

Todos avanzamos bajo el peso del inexorable paso del tiempo, pero muchas veces nuestro pasado nos alcanza. Nos encontramos con gentes que, en su tiempo, anduvieron junto a nosotros hasta que nuestros caminos divergieron. Pero no son los mismos, y los que quedan… han cambiado. Nosotros también, claro, pero siempre es difícil ver nuestro propio reflejo.

Y cuando los encontramos volvemos a aquellos días en que las cosas eran más fáciles, y queremos quedarnos allí. Pero cuidado, cansado caminante. Recuerda que vivir de los recuerdos puede ser un refugio tentador, pero también es traicionero. Guárdate de no encontrar luego la salida.

Pero tranquilo: el calor de esta hoguera es puro e inocente. Quédate conmigo esta noche. Mañana tendremos otro largo año que transitar…

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Amanecer de la quinta nochenueva

Buenas noches una vez más, peregrino eterno.

Aquí estoy otra vez, como prometí. Me gusta pensar que soy un hombre de palabra, y que siempre cumplo mis promesas… aun si a veces necesito tiempo para cumplirlas. Y por ello prometo que, pase lo que pase en este mar abandonado y en esta isla desierta, si llega el día en que escasean el papel o la tinta para escribir estos mensajes, seguirá saliendo, al menos, una botella cada vez. Porque nada nos quitará nuestra reunión de nochenueva.

¿Qué ha sido de tu vida, viajero nostálgico? ¿Cómo has transitado el pasado año? Apuesto, como siempre, a que ni un alma podría censurarte. El mío fue, por una vez, más o menos como esperaba que fuera. Y lo cierto es que no me siento especialmente orgulloso de ello…

Hace tiempo me hacía una pregunta: “Si mi yo pasado me viera ahora, ¿me aceptaría?”.  Si mi antiguo yo me viera ahora, ¿estaría orgulloso de mí? Quiero creer que estoy haciendo cosas que él siempre quiso hacer, y que por tanto se sentiría orgulloso. Pero también soy consciente de que no estoy haciendo cosas que él hacía, y de que estoy haciendo cosas que juró nunca hacer; por ello creo que no me aceptaría. Quizá esa ambivalencia sea, simplemente, otra forma de ver que sigo siendo el que era.

Esta nochenueva es fría, cansado caminante, y dura. Y sobre todo solitaria. Es, en cierto modo, aún más abrumadora que la anterior. Por favor, disculpa que hoy no te haga compañía más tiempo. Dame unos meses para poner en orden mis ideas y te lo contaré todo. O, al menos, todo lo que puedo contar.

Hasta entonces, sé fuerte. Y por favor, camina conmigo.

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Un náufrago perdido

Saludos, peregrino eterno.

Creías que no me volverías a ver, ¿verdad? No te disculpes, lo entiendo: ha pasado mucho tiempo. Demasiado, en realidad, más de lo que supuse. Lamento no haber estado aquí; y lamento que no hayas podido estar conmigo. Pero no sufras: las aguas volverán a su cauce, tarde o temprano.

Tengo muchas cosas que contarte, cansado caminante, muchas más de las que cabrían en cualquier botella. Muchas, muchas más de las que te podría relatar ahora, con los segundos corriendo en nuestra contra.

¿Recuerdas nuestra pasada nochenueva? Hablé de cambios que podían llegar o no; de que quizá podría volver a empezar a mandar botellas; de que quizá encontrara un nuevo lugar en el que este agotado náufrago se sintiera más cómodo. Sé que llego tarde, una vez más, pero quiero decirte que todas esas cosas llegarán. Probablemente no pronto, pero con Suerte, una dama en la que no me gusta confiar, sí antes de la sexta nochenueva. Por favor, sé paciente conmigo.

Este año ha sido más o menos como esperaba que fuera, viajero nostálgico, más o menos como auguré la pasada nochenueva. Y hoy, una vez más, estoy en el lugar en el que me recibe siempre la nochevieja. Y hoy, una vez más, las cosas son distintas. Y sé que lo seguirán siendo, y sé que un día lo serán aún más. Y entonces, llegado ese día, no sé qué haré. Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él, dirían algunos… Sólo espero poder cruzarlo contigo.

Hay mucho que decir, errante vagabundo, pero no es el momento. Ahora hay que volver. ¡Aprisa!, que el tiempo apremia…

Pero no te preocupes: estaré aquí cuando vuelvas.

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Amanecer de la cuarta nochenueva

Buenas noches, viajero nostálgico.

Hay tantas cosas que quiero decir hoy… no sé por dónde empezar, ni dónde deberían acabar, ni cuántas podré contarte, ni cuántas seré capaz de poner de viva voz. Porque hemos pasado dos nochenuevas hablando del pasado, y una nochenueva hablando del futuro, pero siempre se nos quedan cortas. Y hoy quisiera hablarte de los dos.

Porque esta nochenueva sí, marca el inicio de algo distinto. Para empezar, hago algo que no había hecho jamás, peregrino eterno. Escribo estas palabras en pasado, o quizá en futuro, pues no mandaré esta botella en cuanto acabe de escribirla, como llevo tantos años haciendo, sino que el mensaje que lees fue escrito días antes de nochenueva. Porque este año que hemos dejado (o que dejaremos) atrás ha sido malo, y si el que ha llegado será mejor, es simplemente porque sería muy difícil que fuera peor.

¿Qué ha sido de tu año, cansado caminante? ¿Pudiste realizar los propósitos de año nuevo que te habías marcado? ¿Conseguiste ser mejor de lo que eras? ¿Tocaste alguna vida? ¿Cambiaste alguna vida? ¿Dejaste pruebas de tu paso por este mundo sin estrellas?

Quizá recuerdes, errante vagabundo, que yo no me hice propósitos, como es costumbre en nuestro país, sino que pedí un deseo, como es costumbre en otros. Pensé que otros dioses serían más benevolentes que los nuestros. Pensé que otros dioses serían más justos que los nuestros. Puedes añadir eso a la lista de errores que he cometido en mi vida; si hay un dios justo, tengo todavía que conocerlo.

Porque si bien el mundo sobrevivió al 11/12/13, fecha que, por cierto, mucha gente temía la última nochenueva, pero que casi nadie recordaba cuando llegó diciembre, mi deseo no se cumplió. Y no pedía fortuna, riquezas o poder. No pedía la felicidad. No buscaba un año que fuera mejor que el que dejábamos; buscaba uno que no fuera peor. Me hubiera contentado con un año igual de malo. Pero el azar, o el destino, la balanza, el karma… o cualesquiera que sean los poderes gobernantes de nuestra vida decidieron que mi deseo no había de verse cumplido.

Tenía miedo, viajero nostálgico. Y mis temores sí se vieron cumplidos. Como el juego de palabras de un sádico cualquiera.

Y como he dicho, esta nochenueva sí implica un cambio. Para empezar, que te escriba estas palabras desde el pasado. O de que no pueda, esta vez, reunirme contigo antes de lanzar la botella; antes del cambio de año. ¿Qué cambios, dices? Ojalá lo supiera. La mayoría malos, sin duda. ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando muchas noches no son sólo las estrellas las que no brillan, sino que hasta la misma luna me ha abandonado? Aunque es posible que también haya alguno bueno, claro; a fin de cuentas, todo es posible. Al menos para otras personas… para mí, todavía está por ver.

Es posible que pueda volver a lanzar botellas como hacía antes; como hacía años que no hacía. Es posible que pueda volver a hablar contigo, y a dedicarte tiempo. Es posible que este mar se llene de mensajes. Es posible que la gente vuelva a buscarme. Es posible que este náufrago, que tan distinto es, vuelva a ser un poco como era antes.

O también es posible que no, claro. A fin de cuentas, que todo haya cambiado no significa que algo tenga que ser distinto.

Pero sí, hay cosas que serán distintas. Este año será mejor que el anterior. Por necesidad. Y es posible que me mude. En este pequeño islote soy un forastero. Es posible que me mude a una islita que pueda llamar mía. Casi idéntica a ésta, en realidad, pero mía. Y por supuesto me encantaría que me acompañaras, cansado caminante, aunque no te obligaré. Tu elección es tuya, y tomarás la correcta; como siempre has hecho.

Respecto a esta nochenueva… ¿qué harás tú, viajero nostálgico? ¿Tienes tus votos, tus propósitos, tus deseos? ¿Sabes qué harás con tu vida, con la de los que te rodean? ¿Sabes cuál será tu siguiente paso en el camino?

¿Yo? Yo, por una vez, tengo las cosas claras. Este año no hay propósitos; no porque quiera huir del escarnio público de no cumplirlos, hacs dos nochenuevas tenía solución para ello; tampoco porque me dé miedo no poderlos cumplir, por cobarde que pueda ser. No… Este año no hay propósitos porque no hay nada que quiera cumplir. Salvo quizá hacer lo que quiera… y eso no tengo que proponérmelo; no esta vez. Tampoco hay deseos; debí haber aprendido hace tiempo que no hay dios conocido que responda a mis plegarias; tardé demasiado en aprender la lección, pero ahora ya no la olvidaré. Mis esperanzas las plantearé sólo cuando puedan ser compartidas con un extremo grado de cinismo; y en cualquier caso puedo plantearlas en cualquier momento, no sólo en nochenueva.

Y mis sueños… bueno, peregrino eterno… La gente suele querer que sus sueños se hagan realidad, pero suele olvidar que las pesadillas también son sueños. Este año me contentaré con dormir; lo de soñar se lo dejaré a los soñadores. Los demás ya hemos aprendido.

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Amanecer de la tercera nochenueva

Buenas noches de nuevo, viajero nostálgico. Ya he vuelto. Como podrás comprobar, más tarde que de costumbre. Pero como te dije hace un momento, por favor, ten paciencia.

Sea como fuere, ¿cómo ha sido tu cambio de año? ¿Has seguido seguido la tradición que pertoque? ¿Has oído los gritos de la gente a tu alrededor? Yo, este año, apenas si he oído un murmullo. Y creo que tampoco me he impregnado del espíritu. Quizá ahora sólo quede una larga cuesta abajo…

A fin de cuentas, de eso quiero hablar. En nuestras dos últimas reuniones hablamos del pasado. Creo que es hora de dar media vuelta y mirar hacia el futuro. Últimamente me he hecho muchas preguntas sobre ese mismo, incierto y aterrador futuro. Porque, entre otras cosas, está lleno de muerte. ¿No es irónico? Somos unos supervivientes: sobrevivimos al 20/02/2002, cuyo fin del mundo llegaba a las 20:02; sobrevivimos al 6/6/6, el día en que los demonios habían de abrirse camino hasta nuestro mundo; sobrevivimos a tantos otros fines del mundo, incluido el maya, el 21/12/2012. Pero no se ha acabado… Las pruebas continúan, un rito de paso creado por algún dios cruel y que, sin embargo, nos autoimponemos, como si disfrutáramos con la idea del fin de todo. De todo lo que odiamos, por supuesto; pero también de todo lo que alguna vez hemos amado. Y es que ya tenemos una nueva prueba: el 11/12/13. Es posible que los mayas se equivocaran pero esta nueva predicción sea más certera. O también es posible que miremos por una ventana para descubrir que el fin nos alcanzará, en realidad, con la llegada del 2100. O es posible también que descubramos alguna vez que no hay tal fin. Que esta espiral continuará descendiendo, sin cambios, sin objetivos, sin rumbo; sin final. Que todo lo que hacemos deja un diminuto eco en un infinito cada vez más grande, un eco que tardará en desaparecer menos de lo que tardamos en producirlo. Y que en la línea del tiempo no somos más que el tic-tac de un reloj eterno.

Quería hablar del futuro, y el futuro no puede empezar sino con esta tercera nochenueva. En la última no quise compartir mis propósitos para sufrir el escarnio ante el fracaso sólo a mis propias manos; me doy cuenta de que, poco a poco, me vuelvo más sabio. O quizá sólo más prudente. Los tuyos eran dignos de admiración, ¿cómo iba a ser de otra manera. Y sé qué has conseguido; el eco de tus acciones me ha alcanzado incluso a mí. Yo, por otro lado… He visto que en otros lugares no se hacen propósitos de año nuevo: piden deseos. No puedo evitar preguntarme si esos lugares son más jóvenes, y todavía no han aprendido a apuntar a la luna, o más viejos, y ya saben que jamás la alcanzarán; no sé si aún no han empezado a soñar o ya están cansados de escarmentar. No sé, en definitiva, el motivo de esta diferencia tan fundamental. Pero si cualesquiera dioses que guían los propósitos, y la fuerza y la voluntad para realizarlos, nos han de abandonar de esta manera, quizá los dioses que conceden deseos sea más benevolentes. Y así pues yo, este año, no tengo propósitos, sino deseos. Sólo uno, en realidad. Ahora mismo ni siquiera siento el calor de esta noche sin estrellas que compartimos. Con ello puedes hacerte una idea de cómo son las cosas. Y, por supuesto, mi deseo no puede ser otro. Madre Luna, por favor, lleva mi voz a quienquiera que sea que ha de oírla, o sentirla o dirigirla; lleva mi súplica a quien tenga el poder de hacerla realidad; lleva mi eco al juez que tenga que decidir si el deseo se ha de cumplir o no: que esta nochenueva marque el inicio de un año que al menos no sea peor que el que dejamos.

Quería hablar del futuro, peregrino eterno. El futuro, por definición, no existe. Al menos, eso quiero creer. Si no por otra cosa, por el simple hecho de que no quiero creer que nuestro destino está escrito. Porque si creo eso, lo que queda ya no tiene sentido alguno. Sin embargo, agradecería poder intuir al menos parte de lo que hay en el siguiente paso del camino. Quizá fuera un error; quizá me hiciera acabar como aquel hombre que quiso abarcar más de lo que era capaz de comprender, que abrió una puerta que debía permanecer cerrada y llegó a vislumbrar lo impensable. No puedo decirte qué fue de él, porque lo que entrevió lo convirtió en algo que escapa a nuestro entendimiento. Quizá fuera un error, pues. Pero llega un momento en que las dudas y la incertidumbre se acumulan de tal forma que se convierten en errores en sí mismas. Y si tú eres dudas, y esas dudas son errores… no puedes sino reconocer que tú eres un error en ti mismo.

A fin de cuentas, nadie sabe qué hay a la vuelta de la esquina. ¿Pero qué haces cuando las puertas que dejabas a tu espalda se cierran conforme las traspasas? ¿Qué haces cuando se cierra la puerta que tienes delante, pero no se abre una ventana? ¿Qué haces cuando alguien te dijo que te dejaría entreabierta una puerta lateral, un atajo, y es mentira? ¿Qué haces cuando en una encrucijada no hay señales, pero sabes que todos los caminos llevan a ninguna parte? ¿Qué haces cuando te roban tu camino principal, tu forma, tu ser? ¿Qué haces cuando las habilidades con las que construyes tus vehículos son mejores que las de los demás y sin embargo son inútiles? ¿Qué haces cuando tu luz se apaga…?

Cansado caminante…

Tengo miedo…

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De lo que debería de haber sido “Hoy”

Buenas noches, viajero errante.

Aquí estoy, como cada año. Quizá más tarde de lo previsto, quizá con menos tiempo de lo que prometí. Pero esta vez, más que cualquier otra, me tendrás que perdonar. Hace tiempo que las cosas no salen como deberían salir; como quisiera que salieran.

Pero aquí estoy, contigo, una vez más. Y aunque hoy no tenga apenas tiempo, quiero contarte algo. Porque hoy quería haberte hablado de “hoy”, precisamente; o mejor dicho, del “ahora”. Pero el reloj otra vez, que me susurra al oído que se me acaba el tiempo, así que déjame contarte algo de hace apenas unos instantes.

Caminaba por una ciudad desierta, oscura. A lo lejos los ecos de una luz, y de una llamada; más cerca, sólo los ecos del silencio. Y mientras giraba, como un reloj recorre su esfera hasta el fin de sus días, he alzado la mirada y he visto a lo lejos, en lo alto, dos puntos de luz titilantes. Y por un instante han parpadeado, y he visto tras ellos a la bestia que se ocultaba, agazapada, esperando el momento de saltar. Un momento que, me temo, no está muy lejos. Y esos ojos han seguido todo mi recorrido, los he notado en la nuca mientras caminaba, mientras me alejaba. Aún los siento.  Alguna vez te contaré, peregrino eterno, qué es esa bestia que me acechaba. Pero no hoy. La mayoría de nosotros la conoce, y aquellos que no viven más felices. Es probable que sea una de las pocas cosas que no conoces, y me alegro de ello.

Empiezo a oír murmullos, un nerviosismo en el aire. Pero esta vez, cansado caminante, llegan amortiguados. Esta vez no los siento en la piel, ni me los susurra el viento. Esta vez, aun concentrándome, apenas si alcanzo a oírlos. Sé que están ahí… pero no puedo alcanzarlos.

Seguiremos hablando, viajero nostálgico. Tenemos una nochenueva que compartir. No sé hasta dónde nos llevará esta vez… pero iremos juntos. Pero ahora, ¡aprisa! El tiempo apremia…

Te veré mañana…

 

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¿Otros mundos… y un final?

Evolution - 20-12-12

Buenas noches, peregrino eterno.

Quizá te parezca extraño verme aquí por estas fechas, antes del amanecer de nochenueva, pero es que creo que la ocasión lo merece. ¿Has oído los rumores, los murmullos, las habladurías? Dicen que el mundo se acaba. Dicen que lo dijeron los mayas. Al parecer se acaba el 21 de diciembre. Aquí, en el lugar desde el que yo te lanzo esta botella, todavía falta alrededor de una hora. En el lugar en el que la recibas tú, si es que la recibes, puede que haga cuatro horas o que falten tres, ¿quién sabe? El tema me interesaba sólo relativamente, así que no me puse a buscar información. Es por eso por lo que no te sé decir si el mundo se acaba cuando el primer país entre en el día 21, cuando entre el último, cuando salga el primero… No lo sé y… no sé si quiero saberlo. A fin de cuentas, si tuvieras la oportunidad de saber exactamente cuándo vas a morir, ¿lo preguntarías? ¿Te pasarías el resto de tu vida contando los días, las horas, los minutos, hasta tu ingrato final? Además, es posible que ya estemos muertos y no lo sepamos. ¿Quién puede decir que no?

Algunos escépticos dicen que eso no son más que paparruchas. Algunos literatos dicen que los mayas no dijeron fin del mundo, dijeron fin del mundo tal y como lo conocemos. Y algunos grandes literatos dicen que, sencillamente, se acababa el calendario y había que reiniciarlo. Algunas personas, simplemente, siguen con su vida sin prestar atención a tantas tonterías. Pero en cierto modo me parece injusto. Si el mundo no se acaba, el día 22 estará lleno de gente diciendo a otra gente “¿Lo ves, idiota? Ya te dije que era una tontería”. Sin embargo, si el mundo, efectivamente, se acaba, esos “idiotas” no tendrán ocasión de decirnos “¿lo ves?”. Pero bueno, hace tiempo que sabemos que  la vida puede ser muchas cosas, pero que justa no es una de ellas.

Hay tanto que no sabemos… ¿Qué crees tú, cansado caminante?

Yo… no digo nada. Si el mundo se acaba, no viviremos para lamentarlo, así que no será un gran cambio. Y si no se acaba… no cambiará. ¿Cambio de orden? Creo que eso es lo que más me asusta. No que se produzca un cambio de orden, sino precisamente que no se produzca. Que no pase nada. Que sigamos como hasta ahora, exactamente igual que hasta ahora, haciendo lo mismo, diciendo lo mismo, pensando igual. Que miremos a nuestro alrededor y nada haya cambiado. Que la historia no cambie. Y que 2013 sea para 2012 lo que 2000 fue para 1999: nada. Un dígito más en la cuenta de las unidades.

Y al mismo tiempo, me aterra que ocurra. Porque, a fin de cuentas… mira a tu alrededor. Es posible que desde tu isla desierta, como yo desde la mía, puedas ver poco más que mar. Pero presta atención… y escucha. ¿Lo oyes? Yo estoy escuchando…

Y oigo. Oigo unas voces, unos ecos, en un parque de skate a tiro de piedra; los golpes, las risas, las maldiciones. Oigo unos gritos en un parque a otro tiro de piedra; las peleas, los empujones, la violencia. Oigo los llantos de un niño, llamando a su madre, y los pasos de una madre, que acude a la llamada de su hijo. Oigo los labios furtivos de un beso robado, y de una sonrisa fugaz. Oigo el aliento de los pulmones de alguien que acaba de llegar. Oigo los nervios de alguien que tiene más trabajo del que puede hacer. Oigo el último suspiro de un anciano. Oigo los sollozos de un niño que empieza a comprender que su madre acaba de morir, que ya no volverá. Oigo las conversaciones de un grupo de amigos, ajenos a lo que les rodea. Oigo las miradas del único que ha quedado fuera de ese grupo, su soledad. Oigo la alegría, la tristeza, la indiferencia, el amor, el cariño, la rabia, la constancia, el terror, el odio. Oigo los acordes de un piano, el viento que sopla por entre los resquicios de una ventana. Oigo el calor sofocante de alguien que muere poco a poco en un desierto. Oigo la garra de hielo de alguien a quien se le escapa la vida de entre los dedos en una cueva congelada. Oigo la vida, la tierra, el agua. Y, sobre todo, oigo el silencio.

¿Puedes verlo? Sería una crueldad acabar con un mundo así. Y, sin embargo, sería terrible que el mundo no cambiara.

Ignoro qué ocurrirá a partir de ahora, compañero de camino. Pero espero poderte volver a ver. Tengo tanto, tanto que contarte… espero poder hacerlo. Si sobrevivimos a lo que está por venir, te prometo que te mostraré lo que te prometí en la última botella.

Te hablaré de otros mundos.

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